Vivir la infancia, la juventud, la madurez, la senectud, la vida…
VIVIR LA TIERRA
-Cartel del film.-
Vivir la tierra, es un metafórico y paradigmático filme, que igual podría tomar su título de vivir y cuidar las estaciones de la tierra o de la vida: infancia, juventud, madurez, senectud…
Aunque en una lectura denotativa del filme, pudiera parecer que se trata de una historia funesta, triste y de desgracias acerca de la vida de una familia y sociedad campesina, muy humilde y modesta y muy vinculada a la tierra y a sus ciclos estacionales de primavera, verano, otoño e invierno, Vivir la tierra, es también un regocijante filme que repara profundamente en los pequeños grandes gozos, de alegrías y júbilos de esos clanes familiares y sociales en sus sacrificadas vidas, a lo largo de las sucesivas etapas de su vida, desde la infancia hasta la senectud.
Su historia está ambientada en 1991, dos años después de la famosa Revuelta de Tiananmén, en la que el pueblo, en su mayoría estudiantes, fue duramente represaliado por el gobierno de la República Popular China. Tras citada Revuelta, el filme de Huo Meng, Vivir la tierra, sin delatar políticamente ese suceso, trata con minuciosidad los principales cambios sociales, culturales y económicos, vivenciales, que se produjeron en aquella ancestral sociedad campesina, vinculada a la tierra, que iniciaba entonces una acentuada Revolución Industrial.
En unos momentos críticos en que España y parte de Europa, están siendo asoladas por terribles incendios, producidos entre otros criterios por la dejadez y abandono en que se encuentran el mundo rural y muchas de sus tierras -tierras vaciadas de gentes, de pastoreo ganadero y de procedimientos de mantenimiento y limpieza adecuados-, llega a nuestras pantallas el filme metafórico de Huo Meng, sobre sacrificadas y resignadas gentes que sí vivían la tierra.
Mundialmente, el abandono de la vida en los espacios rurales y el progesivo crecimiento social en grandes urbes, junto a la dejadez de medios de vida tradicionales en el sector primario de la agricultura, para incorporarse a los más atrayentes medios industriales y tecnológicos, es la contundente realidad que evoca el reflexivo y paradigmárico filme de Huo Meng, Vivir la tierra.
En el epílogo de textos con que finaliza el filme, Huo Meng relata que su historia, ambientada en los inicios de la década de 1990, está dedicada a sus infancia y a los seres queridos de su localidad natal, en la que “A medida que el estilo vida trdicional se desvanecía gradualmente, fui testigo de su existencia basada en su economía de subsistencia, cuyo recuerdo atesorare para siempre”.
Huo Meng, director de Vivir la tierra, Premio Oso de Plata en Berlin.
El guionista, director y productor de cine, Huo Meng, autor de Vivir la tierra, natural de Zhoukou, Condado de Taikang (1954), se graduó en Derecho, en la prestigiosa Universidad de Comunicación de China, cuyo centro cuenta también con Facultades e Institutos de Radio, Televisión y Cine y Escuela de Formación de Talentos, entre otros numerosos estudios.
Antes de su filme más conocido internacionalmente, Vivir la tierra (1925) -también titulado Vivir la vida y El viento es imparable-, Meng ha realizado otros tres largometrajes: Mis amigos inseparables (2015), Cruzando la frontera de Zkaoguan (2018), Nuestros cuarenta años (2019) y dos cortometrajes Casa Nueva y Los buscadores de luz (2020), entre otros cortos.
Además del destacado Oso de Plata de la Berlinale y los prestigiosos Premios Gallos de Oro del Cine Chino -equivalentes a los Oscars de Hollywood- Huo Meng, ha sido también reconocido con el Premio al Mejor Director de Cine en el Festival Internacioal de Cine de Pingyao (China), entre otros; siendo selecionado su filme Vivir la tierra, para la Sección Oficial de la SEMINCI de Valladolid (2025).
Temáticamente, los filmes del guionista y realizador Huo Meng, son extraordinariamente ricos en ideas y argumentos, reiterándose a su vez en ellos, diversas temáticas como: la vida familiar, sus diferentes etapas personales, las circunstancias estacionales del tiempo…
En su estilo, aunque Vivir la tierra es un film de ficción, buena parte de sus planteamientos siguen las claves propias del documental, como son realismo y verismo, con los que su narración adquiere matices historiográficos acerca de la sociedad y la época, resultando su relato sumamente creible.
Pese a no ser un filme de denuncia política, no obstante, dado su realismo y verismo social de la época, Vivir la tierra nos induce a la reflexión sobre los controles, intervencionismos e injerencias requisitorias del Gobierno de la Republica, del partido comunista del momento, en la vida de los ciudadanos: registro censal de familias, planificación familiar e intromisión en la intimidad de la mujer, intervencionismo económico, requisos en las cosechas…; ejercidos por el Comité de Aldea y Secretario del Partido.
Significativo fotograma del sórdido censo, registro de familias y planificación familiar en el filme.
Vivir la tierra es un prototípico filme del escasamente estudiado Neorrealismo Chino, que trata con exhaustiva minuciosidad acontecimientos y hechos que pudiera parecer carecen de importancia, pero en su contexto social y familiar sí la tienen la mayoría de sus secuencias…
Sin el menor atisbo lúgubre, el hecho de enterrar juntos a familiares allegados, en medio de un campo de trigo -al que Huo Meng dedica toda una minuciosa secuencia-, tiene un simbólico y sugerente sentido costumbrista de trascendencia espiritual, humanista y de fertilidad. El niño de diez años Xu Chuang -protagonizado por el actor Wang Shang-, que va a la escuela, estudia y lee, explicará a su bisabuela analfabeta que “las bacterias de los cuerpos se esparcirán por la tierra acrecentando su fecundidad…”
En otra minuciosa secuencia, en un descanso para el almuerzo, de la calurosa y agobiante tarea manual de la siega, para la pobrísima familia, tomarse unos polos helados, será un gratificante refrigerio y festiva celebración, un poético “regalo celestial…”; aunque los polos para todos los había adquirido en las afueras del pueblo la generosa joven casadera de la familia Li Xiuying, tía de Chuang -cuyo papel interpreta la actriz Zang Chuwen-.
La compleja técnica del claro-oscuro en las bellas artes de la imagen, pintura y cine, -cuya teoría definió el pintor Cennino Cennini en su Libro del Arte, a finales del siglo XIV-, tiene especial importancia en el filme Vivir la tierra, por su valor metafórico y narrativo; no sólo para expresar la sórdida oscuridad de un viejo mundo que muere y la luminosidad de otro nuevo que nace, sino también para acentuar el contraste dramático de una sociedad en profundo trance de transformación…
El cartel del film expresa significativamente ese contraste y dramatismo, entre el nuevo mundo que nace, con el niño leyendo en primer plano, y la bisabuela analfabeta, en el plano de atrás: lo aclara y precisa Huo Meng en el epílogo textual del filme cuando escribe “Esta película está dedicada a mi infancia”.
Aunque el filme pueda resultar algo sórdido por la mayoría de sus planos oscuros, referentes al viejo mundo que desaparece, contrasta y cobra alegría con la luminosa y esperanzadora poesía del nuevo mundo que nace, representada, por ejemplo, en la bella secuencia de los personajes protagonistas Chuang y Xiuying en el verde trigal…
En Vivir la tierra, la escenografía y el paisaje tienen categoría de protagonistas.
Expresivo y bello fotograma sobre el nuevo y esperanzador mundo de Vivir la tierra.
Aunque la mujer en la China tradicional vivió sometida al imperante régimen patriarcal confucianista del varón: padres, esposos e hijos, con la Revolución Cultural del país, cambió su protagonismo; lo que trata Huo Meng con especial atención -y acaso rindiéndole singular homenaje- en Vivir la tierra…
-No obstante lo narrado en el filme acerca de la persistencia de las tradiciones y costumbres en la zonas rurales más atrasadas del país, como indica la historia, citada Revolución Cultural China, en las décadas de 1960 y 1970, ya fue cambiando el papel social de la mujer que adquirió mayor igualdad, protagonismo y liderazgo en las decisiones familiares y en el trabajo; lo que el político y filosofo Mao Tse-Tung o Mao Zedong popularizaría en el proverbio “Las mujeres sostienen la mitad del cielo”…
En conclusión, Vivir la tierra es un sugestivo filme de interés universal para el conocimiento del pasado, pero que abre puertas para el entendimiento del presente y acaso del futuro…
Francisco Montero.



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